¿A veces somos raros? ¿No? Mudarse de Viena

Les cuento. Lo que me pasó aún no lo termino de asimilar. Aunque me dio risa, entre risa y quedarme atónita. (Menos mal que me aguanté. Ambas cosas).

Resulta que me estoy mudando en estos días. Y Viena es una ciudad fabulosa para hacer trámites, porque está todo muy ordenado, la burocracia es la mínima y, en general, todo se hace con mucha eficiencia y orden.

Esta mañana, como una buena ciudadana concientizada en  colaborar con el orden mundial (wow, hasta yo me impresioné de mi misma), fui al Magistrat de mi barrio, que es como un Ayuntamiento o Municipalidad local. Justo en el mío se reunieron los seres más antipáticos de toda Viena. Ya los conozco. Mira que hay gente agradable por aquí, pero justo en este Magistrat, uffff…

Voy con toooda mi mejor sonrisa y voluntad al escritorio de entrada. -Guten Tag!, digo; como para demostrar que, al menos, dos palabras en alemán sé. (En total son tres). Ya que ahí sólo y exclusivamente te atienden en alemán. Ya me mira mal. Digo en mi mejor versión germánica que vengo a buscar información sobre los horarios de parking y posibles permisos que tenga que pedir y/o pagar para hacer mi mudanza correctamente, que será el sábado. Estamos a lunes. Me mira como si fuera la culpable del hambre en el mundo y me dice que es muuuuy tarde para eso! Con cara de regaño intenso. Yo, dentro de mi asombro, balbuceando mi alemán, le digo que sólo me informe, que para eso he venido y que yo ya veré luego qué hago. Resopla. Con ruido. Y me mira sin hablar, para enfatizar mi culpabilidad. Le digo entonces, para cortar el momento expresionista: -sólo dígame cuáles son los procedimientos para poder cumplirlos. Y afloja. Dice que puedo poner un par de conos en la calle para reservar el sito. -Ah qué bien!, me relajo, -eso sería genial. Y me mira con odio nuevamente y me dice que no, que eso no se puede. Mientras mis neuronas estaban ya haciendo la maleta para huir a alguna playa desierta, me espeta que me va a imprimir en inglés la información. Yo entusiasmada por su repentina amabilidad, le digo muy tontamente (tal mi estado) que si en ese número de teléfono atienden en inglés. -No sé, cómo puedo saberlo?. Mis ojos como platos, harta hasta el moño de esta señora, le digo que gracias, que no hace falta que se enoje conmigo. Me dice: -me enojo porque Ud. tiene un problema! Y yo, con la calma de la playa desierta, le digo que yo no tengo ningún problema, así que no se preocupe por mi. Y agrego, en un repentino ataque de oradora de masas, que en la vida es mejor pasarla bien. ¿No le parece que vale la pena ser feliz? – NEIN!!!!

Con el mismo frío que me corrió por el cuerpo dije gracias, buenas tardes, y me fui con mi folleto en inglés y mi miedo de saber que hay gente que no cree en la felicidad.

Published in: on febrero 11, 2016 at 2:48 am  Comments (2)