Es taaan importante la edad? Qué nos pasa?

Va en serio, de verdad, nada de pregunta retórica. Pero qué nos pasa? Acaso no te sentís adentro, en tu alma, en tu esencia, el mismo de siempre? Acaso no tenés las mismas ganas de soñar, de reír, de divertirte, de amar, de sol, de aire libre, de poesía, de belleza, de libertad…? No? Fijate bien, más adentro. Y además qué tendrá que ver  todo esto con la edad? Por qué lo vas  abandonando con el paso del tiempo como si fueras perdiendo el derecho de saborearlo todo junto?
Es acaso verdad que todos los viejos, sólo por tener más años, ya son sabios? O que los jóvenes, sólo por ser lo, no tienen nada que aportar? O acaso es al revés -que me pierdo- es que los viejos no valen nada, son descartables, y los jóvenes pueden con todo y tienen  todas las respuestas? Que si demasiado joven, que si demasiado viejo… Pero a quién se le ocurrió esta memez? Bueno, el que fuera bravo! Cierto es que tiene un éxito rotundo. Su idea es aceptada por millones de personas. Aún en su propia contra… Es que parece que se les olvida que esos a los que nos gusta tanto limitar y “marcar”, somos nosotros mismos. La vida no se puede limitar. Parece que la mente sí.
No te huele a autorechazo? Visto que todos somos más viejos cada segundo que pasa, que es algo natural, no te parece que esa absurda idea va directo en tu propia contra? Qué feo… Como si la vida estuviera buena sólo hasta la mitad! Venga ya!
No te has planteado que es sólo una absurda idea que, de tanto escucharla, nos la hemos creído y entonces, haciendo torpe caso, nos dejamos apagar hacia el gris poco a poco?
Yo no como de eso, paso, gracias. Me quedo fiel a mi excitante máxima de que “todo tiempo futuro será aún mejor”. Vos de qué lado preferís vivir?

Published in: on marzo 15, 2016 at 1:11 am  Comments (5)  

Un auténtico grito de felicidad.

Salí a pasear, simplemente a disfrutar de cómo se empieza a insinuar la primavera y a festejar que por fin no llueve después de varios días bajo el agua.

Mi único propósito era el de apreciar todas las cosas hermosas con las que me cruzara. Y, es curioso, mientras más aprecio, más cosas bellas encuentro. Todo me parece cada vez más lindo y, sobretodo, más apetecible. Y mi estado de ánimo, que ya era bueno, se tornó en espectacular.

Y así iba, ya volviendo a casa, cuando en una esquina veo a dos nenas, muuuy chiquitas, con sus mochilotas rosadas en la espalda, llenas de brillos por todos lados. Qué visión tan tierna, toda la inocencia, la mirada pura, las ganas intactas de saborear todo lo fascinante que la vida tiene. Las vi solas, juntitas, esperando cruzar. Situación muy curiosa, pensé. Pero inmediatamente vi a su abuelo detrás de ellas, con otra mochilita toda brillosa, y a la abuela del otro lado del semáforo, con una tercera nena, más pequeñita y preciosa aún. El semáforo era larguísimo, no cambiaba más. Y de repente, al tan esperado verde, las dos nenas gritan “YEIIIIHHHHHH”, o algo parecido, tan lleno de felicidad, de espontaneidad, de momento presente que casi grito yo con ellas del entusiasmo que me contagiaron! (Bueno, en mi interior sí que grité ja!)

Tal vez pensarán que me ahogo en pequeñas cosas. Y tendrán razón. Volví a casa sobrada de felicidad por todos los costados. Recordando -siempre me hace falta recordarlo- que no hay más que ahora, que este mismo momento. Y si no lo vivimos felices, acaso hay algo más?

 

Published in: on marzo 11, 2016 at 5:47 pm  Comments (4)  

GIANNI… Alguien que pasaba…

Yo no sé si es la vida la que a veces nos da sorpresas o somos nosotros los que con nuestra predisposición las creamos inconscientemente, de modo que parezcan como salidas de la nada cuando suceden. Pero que las hay, “haylas”.

El hecho es que esta misma tarde, y saben los que me leen que jamás invento cuando escribo, venía por la calle hablando con la persona que me acompañaba. Claro, tal vez  mi tono estaba bastante  timbrado… Defecto profesional de soprano supongo. Delante de nosotros iba un chico de mediana edad. Su aspecto era como si fuera un amigo, alguien que no llamaba la atención. Se dio vuelta a mirarnos dos o tres veces, hasta que se detuvo y simplemente empezó a hablar con nosotros.

Nos contó cómo ama latinoamérica, de los viajes que hizo, que 3 meses en Ecuador, que 3 meses en Bolivia… De lo amable que ahí “sí” era la gente, que la gente se detiene a escucharte, que la gente te invita a sus hogares a pasar un rato… Yo pensaba que eso pasa en muchos lugares y en otros continentes, la gente en general, en el fondo de su corazón, siempre quiere compartir con otro ser humano. ¿No?

Nos contó que cuando fue a Dublín sufrió un aneurisma, que estuvo a punto de morir y que a partir de ese momento cada día nuevo sonríe, está feliz de simplemente vivir. Nos dijo que está ahora escribiendo un libro con el único fin de ayudar a los demás, porque quiere hablar de la vida a la gente, recordarnos lo hermoso que es vivir. Que no tengamos miedo, que no existe lo imposible, que podemos hacer todo lo que nos propongamos, que la única limitación está adentro nuestro. Que nos concentremos en algo y no lo perdamos de vista hasta que suceda.

En dos ocasiones, cuando pude decir algo y cerrar mi boca abierta de absoluto asombro, lo invité a encontrarnos nuevamente en un café y así poder escuchar más de su libro, de su historia. Como si no hubiera escuchado. Sólo seguía hablando, como si tuviera que decirnos cierta información pero de forma completa.

Se despidió con lágrimas de emoción en los ojos, agradeciendo que escuchásemos los 5 minutos que duró su increible y fascinante discurso y recordándonos que tampoco tengamos miedo de sentir ni de mostrar nuestras emociones. Luego, cruzó la calle y simplemente no lo vimos más.

Sentí una felicidad indescriptible. Sí, así de raro como puede sonar. Pero así de verdadero también.

 

 

Published in: on marzo 2, 2016 at 11:52 pm  Dejar un comentario